Escalera de Responsabilidad
Este texto es extraído del libro “Coaching Ontológico para Empresas” del Lic. Esteban Pinotti, publicado en el año 2000. Entre el deseo de cumplir con un objetivo y realmente llegar a un resultado puede existir un largo camino. Todo camino a un resultado se encuentra empedrado de infinitas variables y eventos. El tipo de observador que seamos de las circunstancias es lo que nos definirá entre situarnos en el área de víctima o en el área de protagonista.
A los fines prácticos de esta obra, distinguimos ocho niveles de conciencia o pasos para alcanzar finalmente la actitud protagonista, la que podríamos graficar de la siguiente manera:
2.- Echarle la culpa a otros.
3.- “No puedo” – Excusas.
4.- Esperar y Desear.
6.- Adueñarse de la realidad.
7.- Encontrar soluciones.
8.- Hacer que ocurra.
Cuando ante una brecha de efectividad un equipo de trabajo se encuentra instalado en un nivel de conciencia donde su compromiso esté enfocado únicamente en encontrar soluciones en lugar de encontrar el culpable, las posibilidades de lograrlos son totales.
Solo aquellos que sean protagonistas del problema podrán encontrar la solución. Es por eso que para alcanzar este nivel de conciencia y acceder a este escalón es necesario operar siempre dentro del área de protagonista, subsumiendo los escalones anteriores ya que necesariamente debe tanto reconocer la realidad, como adueñarse de ella, para poder encontrar las soluciones. El hecho de encontrar soluciones por sís solas no basta, pero solamente falta un elemento, la toma de acción comprometida.
Salto cuántico
Al igual que todos los pasos anteriores, a los efectos pragmáticos del Coaching Ontológico el simple hecho de encontrar soluciones no hace una diferencia sustantiva (en relación con el objetivo no logrado), con el simple hecho de estar dormido instalados en el primer escalón de inconsciencia o echándole la culpa a otros. Para que el gurú supremo, la realidad tangible, nos declare la buena noticia de que cumplimos con los objetivos propuestos es necesario un salto cuántico luego de encontrar la solución y ese salto cuántico se llama acción comprometida.
Solo una acción comprometida hace una diferencia, todo lo demás puede ser un interesante juego intelectual, un práctico análisis sociológico sobre las distintas conductas que un grupo de personas que integran una empresa pueden realizar. Pero a los efectos prácticos de la empresa es tan estéril que los integrantes de una empresa se instalen en el primer escalón de la escalera de responsabilidad como en el séptimo. Solo una acción comprometida hace de un simple proyecto una realidad verificable en el mundo exterior, solo con acciones comprometidas podemos “hacer que ocurra”.
Octavo escalón “Hacer que ocurra”
Es en este escalón, en este nivel de conciencia donde un equipo de trabajo logra realmente alcanzar con éxito los objetivos propuestos. En este nivel ya no importa lo que no pudo ser, no importan las circunstancias que lo rodearon; lo único que importa es la realidad tangible y comprobable, el objetivo logrado.
Si bien es en este nivel de conciencia donde únicamente se alcanza lograr los objetivos propuestos por la empresa, son básicamente necesarios transitar por los tres pasos anteriores recorriendo el área de protagonista, para llegar hasta acá. Una vez reconocida y adueñada la realidad, y luego de haber encontrado soluciones se requiere de la acción comprometida para generar así el contexto mediante el cual el contenido natural de ese contexto es el objetivo propuesto.
En el Coaching Ontológico encontramos siete distinciones relativas a la acción comprometida necesaria para alcanzar con éxito el octavo paso en la escalera de protagonismo:
1.- Compromiso incondicional a que suceda: Cada una de las personas que se encuentren ligadas al proyecto deben tener en claro, que el compromiso a lograrlo debe ser incondicional, trascendiendo de la órbita ordinaria de las actividades que por el común desempeño de la empresa le son propias. Esto significa, requiera lo que requiera y cueste lo que cueste.
2.- Compromiso con dejar de lado antiguas creencias y paradigmas improductivos: Es necesario el compromiso de todos los involucrados con el objetivo a estar abiertos al Coaching Ontológico que le sea dado, por más que no encuadre dentro de sus paradigmas. El compromiso es con el objetivo y no con querer tener razón, con lo que debería ser o con la manera de hacer las cosas.
3.- Compromiso a meterse en el medio del problema: Si alguien no es parte del problema tampoco es parte de la solución. El protagonista ganador vive en la pregunta: “Si el proyecto no está funcionando, ¿qué en mí no está funcionando?” La única manera de apalancar sobre una brecha de efectividad es estando justo en el medio del problema. Si el problema es de otro, también está en otro la solución y allí no existe una respuesta efectiva.
4.- Compromiso a probar cuantas veces sea: El protagonista exitoso no se da por vencido fácilmente. Si no lo logró en la primera lo probará cuantas veces sea necesario para lograrlo. No alcanzar el objetivo no es una amenaza sino que es una oportunidad de aprendizaje. En toda brecha de efectividad hay mucha información para aprender y crecer.
5.- Tener una relación real con los resultados: La realidad es el gurú supremo del protagonista, no se fija en lo que debería haber sido, sino en lo que es. “Las piedras son duras y el agua es mojada”. Todo resultado es consecuencia de su acción, que esta es a su vez consecuencia de su observación. De allí que el tipo de observación de los resultados es la gran diferencia.
6.- Urgencia por el resultado: Todo protagonista está urgido por conseguir el resultado. No se vive en una actitud pasiva, sino que es totalmente proactivo, su conversación interna es “Si va a ser depende de mí, si no es ahora ¿Cuándo?”.
7.- Disciplina y Constancia: no hay sustitutos: Tanto la disciplina como la constancia son dos cualidades insustituibles del protagonista. Para el protagonista el compromiso rige sus acciones, y no sus pensamientos, estados de ánimos, sentimientos o sensaciones.
Cuando ante una brecha de efectividad un equipo de trabajo se encuentra instalado en un nivel de conciencia donde su compromiso esté enfocado únicamente en encontrar soluciones en lugar de encontrar el culpable, las posibilidades de lograrlos son totales.
Solo aquellos que sean protagonistas del problema podrán encontrar la solución. Es por eso que para alcanzar este nivel de conciencia y acceder a este escalón es necesario operar siempre dentro del área de protagonista, subsumiendo los escalones anteriores ya que necesariamente debe tanto reconocer la realidad, como adueñarse de ella, para poder encontrar las soluciones. El hecho de encontrar soluciones por sís solas no basta, pero solamente falta un elemento, la toma de acción comprometida.
Salto cuántico
Al igual que todos los pasos anteriores, a los efectos pragmáticos del Coaching Ontológico el simple hecho de encontrar soluciones no hace una diferencia sustantiva (en relación con el objetivo no logrado), con el simple hecho de estar dormido instalados en el primer escalón de inconsciencia o echándole la culpa a otros. Para que el gurú supremo, la realidad tangible, nos declare la buena noticia de que cumplimos con los objetivos propuestos es necesario un salto cuántico luego de encontrar la solución y ese salto cuántico se llama acción comprometida.
Solo una acción comprometida hace una diferencia, todo lo demás puede ser un interesante juego intelectual, un práctico análisis sociológico sobre las distintas conductas que un grupo de personas que integran una empresa pueden realizar. Pero a los efectos prácticos de la empresa es tan estéril que los integrantes de una empresa se instalen en el primer escalón de la escalera de responsabilidad como en el séptimo. Solo una acción comprometida hace de un simple proyecto una realidad verificable en el mundo exterior, solo con acciones comprometidas podemos “hacer que ocurra”.
Octavo escalón “Hacer que ocurra”
Es en este escalón, en este nivel de conciencia donde un equipo de trabajo logra realmente alcanzar con éxito los objetivos propuestos. En este nivel ya no importa lo que no pudo ser, no importan las circunstancias que lo rodearon; lo único que importa es la realidad tangible y comprobable, el objetivo logrado.
Si bien es en este nivel de conciencia donde únicamente se alcanza lograr los objetivos propuestos por la empresa, son básicamente necesarios transitar por los tres pasos anteriores recorriendo el área de protagonista, para llegar hasta acá. Una vez reconocida y adueñada la realidad, y luego de haber encontrado soluciones se requiere de la acción comprometida para generar así el contexto mediante el cual el contenido natural de ese contexto es el objetivo propuesto.
En el Coaching Ontológico encontramos siete distinciones relativas a la acción comprometida necesaria para alcanzar con éxito el octavo paso en la escalera de protagonismo:
1.- Compromiso incondicional a que suceda: Cada una de las personas que se encuentren ligadas al proyecto deben tener en claro, que el compromiso a lograrlo debe ser incondicional, trascendiendo de la órbita ordinaria de las actividades que por el común desempeño de la empresa le son propias. Esto significa, requiera lo que requiera y cueste lo que cueste.
2.- Compromiso con dejar de lado antiguas creencias y paradigmas improductivos: Es necesario el compromiso de todos los involucrados con el objetivo a estar abiertos al Coaching Ontológico que le sea dado, por más que no encuadre dentro de sus paradigmas. El compromiso es con el objetivo y no con querer tener razón, con lo que debería ser o con la manera de hacer las cosas.
3.- Compromiso a meterse en el medio del problema: Si alguien no es parte del problema tampoco es parte de la solución. El protagonista ganador vive en la pregunta: “Si el proyecto no está funcionando, ¿qué en mí no está funcionando?” La única manera de apalancar sobre una brecha de efectividad es estando justo en el medio del problema. Si el problema es de otro, también está en otro la solución y allí no existe una respuesta efectiva.
4.- Compromiso a probar cuantas veces sea: El protagonista exitoso no se da por vencido fácilmente. Si no lo logró en la primera lo probará cuantas veces sea necesario para lograrlo. No alcanzar el objetivo no es una amenaza sino que es una oportunidad de aprendizaje. En toda brecha de efectividad hay mucha información para aprender y crecer.
5.- Tener una relación real con los resultados: La realidad es el gurú supremo del protagonista, no se fija en lo que debería haber sido, sino en lo que es. “Las piedras son duras y el agua es mojada”. Todo resultado es consecuencia de su acción, que esta es a su vez consecuencia de su observación. De allí que el tipo de observación de los resultados es la gran diferencia.
6.- Urgencia por el resultado: Todo protagonista está urgido por conseguir el resultado. No se vive en una actitud pasiva, sino que es totalmente proactivo, su conversación interna es “Si va a ser depende de mí, si no es ahora ¿Cuándo?”.
7.- Disciplina y Constancia: no hay sustitutos: Tanto la disciplina como la constancia son dos cualidades insustituibles del protagonista. Para el protagonista el compromiso rige sus acciones, y no sus pensamientos, estados de ánimos, sentimientos o sensaciones.
Cuando ante una brecha de efectividad un equipo de trabajo se encuentra instalado en un nivel de conciencia donde su compromiso esté enfocado únicamente en encontrar soluciones en lugar de encontrar el culpable, las posibilidades de lograrlos son totales.
Solo aquellos que sean protagonistas del problema podrán encontrar la solución. Es por eso que para alcanzar este nivel de conciencia y acceder a este escalón es necesario operar siempre dentro del área de protagonista, subsumiendo los escalones anteriores ya que necesariamente debe tanto reconocer la realidad, como adueñarse de ella, para poder encontrar las soluciones. El hecho de encontrar soluciones por sís solas no basta, pero solamente falta un elemento, la toma de acción comprometida.
Salto cuántico
Al igual que todos los pasos anteriores, a los efectos pragmáticos del Coaching Ontológico el simple hecho de encontrar soluciones no hace una diferencia sustantiva (en relación con el objetivo no logrado), con el simple hecho de estar dormido instalados en el primer escalón de inconsciencia o echándole la culpa a otros. Para que el gurú supremo, la realidad tangible, nos declare la buena noticia de que cumplimos con los objetivos propuestos es necesario un salto cuántico luego de encontrar la solución y ese salto cuántico se llama acción comprometida.
Solo una acción comprometida hace una diferencia, todo lo demás puede ser un interesante juego intelectual, un práctico análisis sociológico sobre las distintas conductas que un grupo de personas que integran una empresa pueden realizar. Pero a los efectos prácticos de la empresa es tan estéril que los integrantes de una empresa se instalen en el primer escalón de la escalera de responsabilidad como en el séptimo. Solo una acción comprometida hace de un simple proyecto una realidad verificable en el mundo exterior, solo con acciones comprometidas podemos “hacer que ocurra”.
Octavo escalón “Hacer que ocurra”
Es en este escalón, en este nivel de conciencia donde un equipo de trabajo logra realmente alcanzar con éxito los objetivos propuestos. En este nivel ya no importa lo que no pudo ser, no importan las circunstancias que lo rodearon; lo único que importa es la realidad tangible y comprobable, el objetivo logrado.
Si bien es en este nivel de conciencia donde únicamente se alcanza lograr los objetivos propuestos por la empresa, son básicamente necesarios transitar por los tres pasos anteriores recorriendo el área de protagonista, para llegar hasta acá. Una vez reconocida y adueñada la realidad, y luego de haber encontrado soluciones se requiere de la acción comprometida para generar así el contexto mediante el cual el contenido natural de ese contexto es el objetivo propuesto.
En el Coaching Ontológico encontramos siete distinciones relativas a la acción comprometida necesaria para alcanzar con éxito el octavo paso en la escalera de protagonismo:
1.- Compromiso incondicional a que suceda: Cada una de las personas que se encuentren ligadas al proyecto deben tener en claro, que el compromiso a lograrlo debe ser incondicional, trascendiendo de la órbita ordinaria de las actividades que por el común desempeño de la empresa le son propias. Esto significa, requiera lo que requiera y cueste lo que cueste.
2.- Compromiso con dejar de lado antiguas creencias y paradigmas improductivos: Es necesario el compromiso de todos los involucrados con el objetivo a estar abiertos al Coaching Ontológico que le sea dado, por más que no encuadre dentro de sus paradigmas. El compromiso es con el objetivo y no con querer tener razón, con lo que debería ser o con la manera de hacer las cosas.
3.- Compromiso a meterse en el medio del problema: Si alguien no es parte del problema tampoco es parte de la solución. El protagonista ganador vive en la pregunta: “Si el proyecto no está funcionando, ¿qué en mí no está funcionando?” La única manera de apalancar sobre una brecha de efectividad es estando justo en el medio del problema. Si el problema es de otro, también está en otro la solución y allí no existe una respuesta efectiva.
4.- Compromiso a probar cuantas veces sea: El protagonista exitoso no se da por vencido fácilmente. Si no lo logró en la primera lo probará cuantas veces sea necesario para lograrlo. No alcanzar el objetivo no es una amenaza sino que es una oportunidad de aprendizaje. En toda brecha de efectividad hay mucha información para aprender y crecer.
5.- Tener una relación real con los resultados: La realidad es el gurú supremo del protagonista, no se fija en lo que debería haber sido, sino en lo que es. “Las piedras son duras y el agua es mojada”. Todo resultado es consecuencia de su acción, que esta es a su vez consecuencia de su observación. De allí que el tipo de observación de los resultados es la gran diferencia.
6.- Urgencia por el resultado: Todo protagonista está urgido por conseguir el resultado. No se vive en una actitud pasiva, sino que es totalmente proactivo, su conversación interna es “Si va a ser depende de mí, si no es ahora ¿Cuándo?”.
7.- Disciplina y Constancia: no hay sustitutos: Tanto la disciplina como la constancia son dos cualidades insustituibles del protagonista. Para el protagonista el compromiso rige sus acciones, y no sus pensamientos, estados de ánimos, sentimientos o sensaciones.
Muchas veces se descansa en la idea de que si alguien hace su parte lo suficientemente eficiente, pero igualmente no se llegó al objetivo, no implica una falta de su parte. Se considera absuelto del hecho de no haber llegado al objetivo, por el simple hecho de que él ha cumplido con su parte, pero la única realidad es que el objetivo no existió.
Esto se debe muchas veces a que algunos empleados no distinguen entre lo que es su tarea específica y lo que deben producir, creen que su remuneración se debe únicamente por cumplir un horario o limitarse a desarrollar la actividad indicada, sin embargo los gerentes esperan que sus compromisos sean con los resultados. Pero si se presta atención en las conversaciones, puede resultar obvio que estos empleados creen que su función está limitada únicamente a su actividad y que, si el sector o la misma empresa no cumple con el o los objetivos propuestos, ellos no tienen nada que ver, ya que crean que cumplieron con su parte, y esperan y desean que el éxito de la organización a la cual pertenecen se realice por algo externo a ellos mismos.
La única realidad tangible ante un objetivo propuesto es haberlo alcanzado o no. Querer el objetivo, habiéndose lanzado de lleno a alcanzarlo y no lograrlo sería conformarse con algo intermedio, sería conformarse con el “lo intenté”. El hecho de no haberlo logrado y no ser consciente de eso porque cree que algo o alguien lo puede salvar es no querer ver el hecho de que no lo logró. El hecho de no querer verlo, tal vez puede producir una parálisis de productividad, que solo se sale de ese adormecimiento cuando pase el tiempo necesario para que, dependiendo cada caso en concreto, sea una señal ineludible de que el proyecto fracasó.
Ante un objetivo frustrado, si no encuentran a nadie en quien descansar la “culpa” de los errores cometidos ya sea que el error haya surgido tanto al planificar el objetivo como al llevarlo a la práctica, lo que salta automáticamente es una excusa.
Operan en la oficina como si tuvieran la creencia de esta toda fórmula de un proyecto es Tratar + Excusas = Resultado. Que es lo que sucede cuando el gerente de ventas le pide un informe a algunos de sus oficiales de cuentas para la mañana siguiente y este oficial de cuenta no llegó a tiempo y se dirige a la mañana en su auto para la oficina. Lo primero que busca es una buena excusa para que su gerente se la compre, y en caso de no parecerle estas excusas lo suficientemente contundente ya comienza a elaborar la segunda excusa, como plan secundario, para el caso de que el gerente no le tome la primera.
Al comprarnos excusas lo único que hacemos con la gente que tenemos a cargo es limitarla en su capacidad de respuesta, en su capacidad de producir un resultado. Muchas veces lo hacemos inconscientemente pero le pusimos el techo a la persona que se rindió en un “no puedo”, y en lugar de pedir ayuda prefirió acudir a unas inocentes excusas. Más grave que nosotros le compromemos la excusa es cuando esa misma persona se compra “su” propia excusa, su “no puedo”, ya que toda excusa aceptada lo único que hace es limitarlo en su capacidad personal, delegando su poder personal a las circunstancias impidiendo nada menos que ser el dueño de su realidad.
Cuarto escalón “Esperar y Desear”
Este escalón que puede parecer muy infantil, es el lugar común de algunas reuniones de directorio donde los distintos directores, cuando llega el momento de analizar los resultados sobre los objetivos delineados en la reunión anterior, apuntan sus cañones a los otros directores formando un círculo vicioso insalvable.
Por ejemplo, en una finaciera la reunión sería algo parecido a esto: Comienza el director de cobranzas diciendo que los objetivos de recupero no pudieron ser alcanzados debido a la pésima gestión desarrollada por el sector de créditos que estuvieron ofreciendo el producto a un público inadecuado para ese servicio, y que no contaban con las garantías suficientes para su recupero. Esto habilita al director de crédito a explicar el porqué de su mala gestión exponiendo que su gestión no pudo alcanzar a un público más selecto porque se ajustó a la pobre economía dada por el sector de presupuestos, el director de este sector terminó quejándose de que si cobranzas no recupera lo presupuestado como objetivo a lograr es imposible contar con fondos para cualquier campaña sería de publicidad.
Todos supieron “echar la culpa” al sector vecino, por lo que parece que en esta financiera no hay ningún culpable por el mal desempeño de su gestión, pero aparentemente con esta gente no parecería haber posibilidad de solución tampoco.
Es muy común encontrarse parado en este escalón muchas veces al día, sin importar el proyecto que sea. Esto se debe a que este modelo mental lo traemos desde muy niños, porque cuando algo no resultaba como lo queríamos nuestra autoestima se veía amenazada por el hecho de que nosotros estabamos íntimamente involucrados con ese “mal resultado”. En una escena cotidiana de la vida de cualquier niño y no tan niño, también en los adultos podemos observar esta fácil tendencia a dejar afuera de la órbita de protagonismo de cualquier evento.
Cuando un niño dice “se cayó la botella”, está implicando que la botella decidió suicidarse utilizando su codo como herramienta y no que él haya volcado la botella sin darse cuenta. Esta infantil estructura de pensamiento no es muy distinta a lo que podríamos encontrar en las oficinas integradas por gente aparentemente más adulta. Es muy difícil escuchar por los pasillos de cualquier oficina el témino “yo colgué el sistema”, sino que el sistema aparentemente se cuelga solo, como tampoco es común decir “yo no llegué a cumplir lo previsto”, sino que siempre es un “no se llegó” genérico e independiente de su interlocutor.
Son muchas las ocasiones en las que podemos encontrar que nuestro líder de proyecto está restando su influencia al problema sacándolo de su órbita de protagonismo echando la culpa afuera. Lo que tal vez este líder no esté viendo, es que si el problema está afuera, tal vez la solución el directorio también la vaya a buscar afuera y que sean otros los que tomen protagonismo en este proyecto.
Tanto el CEO como cualquier director de cualquier empresa quiere tener protagonistas en sus equipos, y no personas que sepan explicar con elocuencia y contundencia el motivo por el cual fracasaron. ¿Cuántas veces un directorio eficiente puede dejarlo pasar y comprar una historia de victima, ante un objetivo incumplido?
Tercer escalón “No puedo” – Excusas
En este nivel de conciencia nula o casi nula produce un estado de adormecimiento impidiendo ver los resultados que se están produciendo y si no ocurre un quiebre profundo en la forma en la que están operando como empresa o equipo de trabajo o en forma individual, la inercia los lleva a un puerto incierto, lejano al objetivo diseñado y propuesto en un principio. Y de mantenerse insconcientes, no podrían darse cuenta ni siquiera de ello, quedando ciegos a quienes ellos están siendo.
En este nivel de conciencia es infrecuente iniciar un proceso de Coaching Ontológico ya que en quienes descansa la decisión de aumentar la efectivdad de la empresa no lo hacen.
Cuando quienes integran una corporación se instalan en este escalón es muy difícil que desarrollen las competencias para ver cuáles son los resultados reales que están produciendo, y descubrir las brechas de efectividad emergentes, ya que generalmente consideran que tanto los resultados producidos como la falta de concreción de los objetivos propuestos no tienen relación con ellos. Son inconscientes del problema por lo que están muy lejos de la solución. No ven ni siquiera el nexo causal entre el resultado producido y el objetivo deseado no logrado. Es en este estadío donde encontramos a los “sabelotodo”, ya que nunca encuentran oportunidad para el aprendizaje.
Segundo escalón “Echarle la culpa a otros”